La paramnesia es una anomalía cognitiva en la que la memoria se vuelve poco fiable y la distinción entre la experiencia vivida y los acontecimientos imaginados comienza a desvanecerse. Para el paramnésico, un sueño puede tener la densidad y la convicción de la realidad, mientras que un acontecimiento real puede distorsionarse o elaborarse, creando un falso recuerdo.
La exposición Paramnésico opera dentro de este terreno inestable del recuerdo. Aquí, la memoria no funciona como un archivo estructurado, sino como una reconstrucción, un proceso activo y continuo de sustitución de la realidad por lo irreal. En lugar de narrar sueños o acontecimientos específicos, las obras examinan los mecanismos mediante los cuales el subconsciente edita, suprime y transforma las experiencias hasta que se vuelven internamente coherentes, independientemente de su origen.
La exposición se concibe como una constelación de fragmentos oníricos suspendidos entre la memoria y el olvido. Cada pieza funciona como un residuo onírico, algo que no se recuerda del todo, pero que se conserva en el cuerpo; una imagen incompleta y abierta que nunca se asienta por completo. Las obras se desarrollan en bucles suaves y continuos cuya lentitud es esencial: la duración permite que la imagen permanezca sin resolver, como algo que solo resurge parcialmente.
Visualmente, las obras evocan la alquimia: las formas se disuelven y se recombinan como si los pigmentos se difuminaran en el agua. Un paisaje con un árbol solitario se transforma gradualmente en una forma orgánica ambigua, luego se dispersa en la abstracción, solo para reconstituirse — un juego sutil que el subconsciente juega con la memoria y la forma.
Elementos figurativos y abstractos coexisten, construyendo un pasaje a través de diferentes registros psíquicos. Paramnésico no ofrece claridad narrativa. En cambio, habita el espacio inestable donde lo que creemos recordar puede que nunca haya sido del todo real.